Rsulta gracioso, a veces, escuchar como con tanta naturalidad e incluso autoridad, algunos educadores hablan de que el constructivismo es la perspectiva del momento, que lo importante es centrarse en el estudiante, que el estudiante contruya su propio conocimiento. Mientras que por otro lado, se les escucha decir que su labor es preparar el contenido, el material que los estudiantes “deberán” utilizar, diseñar el camino que los estudiantes deberán seguir para aprender, lo que además ha sido responsabilidad del propio docente decidir que será.
Me pregunto yo, ¿dónde está la atención al estudiante?, será que esto se diferencia de “otros” enfoques no centrados en el estudiante, en que estos otros no prestan atención a si el estudiante está motivado o no, y en el enfoque centrado en el estudiante el profesor tiene como parte de sus responsabilidades, además, convencer al estudiante de que lo que él (el profesor) ha diseñado, pensado, planificado y decidido, es lo mejor y por tanto él (el estudiante) debe sentirse motivado a seguirlo?…
LLamar a todo constructivista, solo porque se diseña una actividad donde el estudiante “debe” dar su opinión como parte del juego de motivarlo y lograr que “construya” un conocimiento ya preestablecido y decidido, es a mi manera de ver una grandisima simplificación que lleva a errores y mal entendidos, y lamentablemente a frustraciones que hacen que los docentes digan cosas como “esto no funciona”, “eso de dejarlos hacer lo que les de la gana no funciona, ellos no saben lo que quieren”… eso es cierto, siempre y cuando lo que suceda es que el docente ya tiene prefijado y decidido lo que se supone que el estudiante “debe querer”, y como la cultura institucional dice que el estudiante debe seguir lo que dice el profesor, es natural que dude, ya que si el profesor dice que el debería querer algo, y el/ella quieren otra cosa, debe ser que no quieren lo que deben querer, y además esta creencia es validada por el profesor, cuando luego de darles la oportunidad (a veces brevísima) de que digan que quieren, entonces comienza el bombardeo de directrices dentro de las cuales ellos pueden decidir, de manera limitada.
A veces las diferencias entre lo que se dice y lo que se hace, no es que estas dos cosas no coincidan, sino que lo que en lo que se dice se utlizan palabras de las cuales no se maneja un real significado compartido, por lo que para el oyente puede significar una cosa mientras que para quien lo dice significa otra, teniendo como consecuencia una aparente incongruencia entre lo dicho y lo hecho, que en realidad no es tal.